Mi paso a paso para solucionar «los problemas»
25 mayo, 2020 |

Lo pongo entre comillas porque reconozco, avellanas mías, que la palabra problemas no me entusiasma. Ya parece que llevan una connotación negativa, dolorosa o algo a evitar. Me gusta más llamarlos retos (como ya os comenté en este otro post hace tiempo ^^) y pensar que, en realidad, siempre van a existir.

Y es que, al fin y al cabo, la vida es imperfecta y preciosa también así, y por mucho que intentemos ser previsoras (que obviamente ayuda a evitar problemas futuros), controlar o planificar, siempre habrá algunas situaciones que se nos escapen de las manos. Me maravilla ese tipo de gente que parece que «baila» entre los «problemas» con fluidez. Que no se dejan llevar por la negatividad, sino que los aceptan, los enfrentan y, sobre todo, toman acción.

Caminando en línea recta no puede uno llegar muy lejos – El Principito

Así que hoy me apetecía hablaros sobre ese momento que todas vivimos cuando tenemos que enfrentamos a algún problema. Y es que me he dado cuenta, a lo largo de estos años, de lo importante que es no dejarse llevar por la impulsividad (y tomar decisiones en caliente de las que luego nos podamos arrepentir) y la idea de pararse a pensar con tranquilidad sobre él (para no llevarnos así un disgusto que se pueda quedar días en nosotras, ¡y que luego resulte que no era tan complicado solucionarlo! ^^).

También me fascina hablar de este tipo de procesos porque creo que nos puede abrir la mente hacia nuevos caminos, a nuevas soluciones, a nuevos avances. En definitiva, ser creativas para ir escribiendo y diseñando nuestro camino con paso firme y buenas decisiones. O al menos, ¡intentarlo que no es poco!

1/ Cuando llega el problemilla en cuestión…

Os cuento rápidamente 4 claves que a mí personalmente me funcionan. Y ya no solo para tomar buenas decisiones, ¡sino para sentirnos bien en ese momento!

  • Pensar que podremos solucionarlo. Parece una tontería, pero a veces, a mí de hecho me ha pasado, nos agobiamos porque no tenemos la suficiente autoestima y pensamos que no vamos a poder con ello. ¡Podremos! Como tantas otras veces, eso seguro.
  • Pensar que todo (o casi todo) tiene solución. :)
  • En ese momento me gusta intentar respirar hondo para enfriarme y si puedo (y no es algo urgente obviamente) dejarlo estar. Unos días, una tarde o lo que necesite, incluso salir a dar un paseo y ponerme en movimiento (me suele servir para pensar mejor).
  • Elegir un buen momento para ponernos manos a la obra a pensar en soluciones. Yo intento programarlo si puedo en un horario en el que esté tranquila, en soledad, con energía y la mente despejada. ^^

2/ Definir el problema

Esto es fundamental y muchas veces siento que no le dedicamos el tiempo necesario. Y es que una vez que definamos exactamente el problema (puede estar en forma abstracta en nuestra cabeza revoloteando pero sin saber exactamente qué nos está preocupando) las soluciones pueden incluso llegar solas. O hasta darnos cuenta de que no tiene solución (así que no queda otra que la única acción sea «a otra cosa mariposa» ;).

Vive las preguntas ahora. Tal vez las encuentres gradualmente, sin notarlas, y algún día lejano llegues a las respuestas. – Rainer Maria Rilke

Para este paso yo me suelo hacer estas preguntas:

  • ¿Qué me preocupa exactamente que pase? (tanto a corto como a largo plazo) o en su defecto, ¿cuál es el problema en sí?
  • ¿Por qué ha pasado? Aquí puede ser muy útil hacernos 5 porqués a esa pregunta hasta encontrar la «causa raíz» o ver si hay causas-efecto relacionadas con el problema.
  • ¿Qué quiero conseguir exactamente? E incluso escribirlo en forma de objetivo.

3/ Elegir la solución

Y aquí viene el meollo del asunto, ¿cómo encontrar una solución? Algunos problemas pueden ser sencillos y tampoco habrá que darle demasiada vuelta pero otros, en cambio, pueden ser altamente complejos (como por ejemplo, en algunos tipos de «conflictos» personales o en el entorno empresarial). Sea lo que sea, siempre un papel y lápiz nos suele ayudar a desenredar (pero eso no hace falta que os lo diga a estas alturas de la vida avellanas mías jaja).

Para ello, os dejo algunas ideas para facilitar ese proceso de encontrar soluciones que a mí me suelen funcionar:

  • Pensar en otra cosa. Es decir, tener presente ese problema pero en las siguientes horas ponerme a lavar los platos, pasear… muchas veces al dejar de pensar directamente en eso puede llegar la respuesta. ^^
  • Preguntarse, ¿hice algo parecido en el pasado? Es decir, tirar de la experiencia. ;)
  • ¿Alguien me puede ayudar? ¿Es un tema que necesito investigar? (siempre con fuentes fiables porfa please).
  • Sacar los pros y contras de tomar una determinada acción.
  • Preguntarse, ¿podría utilizar alguna pasión o habilidad que ya tenga para arreglarlo?

Y finalmente, si no hay manera de que llegue la solución quizás pueda ser interesante intentar pensar de manera lateral (un tipo de pensamiento que bautizó el psicólogo Edward de Bono en 1967 con el que buscar soluciones menos obvias). Es decir, «romper» esos patrones bajo los que solemos pensar e intentar buscar soluciones de manera distinta.

4/ Quitarse el «run run» de encima

Es decir, modificar ese pensamiento por algo positivo, un aprendizaje, algo que nos deje tranquilas. Y teniendo en cuenta que al final, la verdad absoluta no existe, pueden existir mil caminos para llegar al mismo sitio y somos humanas así que, obviamente, nos podemos equivocar. :)

5/ Tomar acción

Una vez hayamos tomado la decisión es el momento de dar el siguiente paso y aplicar la solución:

  • Por ejemplo, fijando una alarma o escribiendo en el calendario si hay que esperar, ver cómo evoluciona el tema en un cierto periodo de tiempo.
  • Planificar exactamente cuándo daremos el primer paso (esa llamada, investigar, una tarea concreta etc.) o bien como parte de algún proyecto o como una actividad suelta.

6/ Revisar

Y finalmente, pasado un cierto tiempo, podría ser interesante evaluar si se ha solucionado el problema. Ver los porqués y si se podría tomar otra decisión la próxima vez. Aprender, en definitiva. ^^

A mí la verdad que personalmente me tranquiliza mucho tener en mente una solución al problema, tomar una decisión, estar segura de ella y llevar a cabo una acción. Sacar nuestra lupita de investigadoras, los post-its de colores y que nuestra mentalidad sea: ¡Vamos a encontrar una solución! :)

¡Y ahora contadme cositas! ¿Cómo os soléis «enfrentar» a los problemas?

Imágenes: Haute Stock

CURSOS

Tengo varios ebooks sobre organización, ¿te apetece descubrirlos? ^^

Tu comentario no saldrá automáticamente. :) Tardo un poquito en aprobarlos y suelo contestarlos una vez a la semana, ¡gracias por comentar!

8 Comentarios

  1. Me ha gustado mucho. Mil gracias. Me ha hecho reflexionar.

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    • Me alegra un montón Marta que te haya servido. :)
      Un abrazo.

      Responder
  2. La verdad es que a veces tenemos que parar a reflexionar sobre estos temas, porque solemos intentar solucionarlos todos de la misma manera. Me gusta mucho la manera en la que expresas estas ideas, como describes lo que quieres contar con las palabras adecuadas, ya que como has dicho, podemos pensar sobre el problema de forma abstracta, pero tú en cambio le das forma y nos ofreces soluciones. Muchas gracias y sigue así. :)

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    • Hola Claudia, ¡mil gracias por comentar! :) Me ha encantado tu análisis, ¡y que te haya gustado! Un abrazo.

      Responder
  3. Hola, Sara. Además de todos los puntos tan interesantes que nos has aportado, yo propongo tres más que me suelen ser útiles:
    1.- Preguntarse si ese problema lo es realmente, o solo es algo diferente a lo que yo tengo previsto. A la gente organizada nos suele suceder que nos gusta que las cosas discurran por un carril, y si van por una vía paralela con más curvas lo asociamos a un problema, cuando no es tal. Incluso podemos aprender de ello. A veces una discusión con alguien, por ejemplo, aunque no es algo agradable, pone las cartas sobre la mesa, gira una situación, nos aporta nuevos enfoques…
    2.- Analizar si ese problema tiene que ver conmigo, o solo soy un «efecto colateral». Porque también sucede que nos ponemos en el centro de algo que no tiene que ver con nosotras, y no somos por tanto quienes podemos hacer algo por solucionarlo, aunque sí para llevarlo lo mejor posible y contagiar o sugerir soluciones.
    3.- Y por último intento disociar el problema o hecho, de lo que me produce. Una cosa es que se me haya quemado la comida que tenía prevista para todos, otra lo mal que me siento por ello por ello. Si me centro en lo primero y pienso «Se me acaba de quemar la comida por X razón, ¿qué plato puedo hacer con el tiempo y los ingrediente que tengo?», se me ocurren rápidamente soluciones. Si encallo en lo segundo, no solo me costará arreglarlo sino que estaré a disgusto conmigo bastante rato. Y eso sí que no.
    Espero que os haya ayudado. Un abrazo a toda la comunidad.

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    • Hola Marta, mil gracias por tu aportación, ¡me ha encantado! :)
      Es un punto muy interesante el que comentas, muchas veces consideramos problema algo que realmente tampoco es un problema. :)
      Te mando un abrazo bien fuerte.

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  4. Para mi, la clave para solucionar los problemas ha sido entenderlo desde la raíz, es decir, «porqué me molesta esto» «qué consecuencias me ha traído»… etc. no puedo luchar contra un «enemigo» desconocido y a la vez, entender el porqué me siento como me siento, aclara mi mente y me ayuda a decidir cómo actuar.

    ¡Excelentes consejos Sara, saluditos!

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    • Hola Stephanie, ¡muchas gracias por comentar! Estoy totalmente de acuerdo, es básico entender el problema de raíz :)
      ¡Un abrazo!

      Responder

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